jueves, 23 de julio de 2009

Muero... Te extraño...

Quisiera sumirme en un sueño eterno donde la única imagen a contemplar fuera tu rostro, tal como lo recuerdo, sonriente, tus ojos café y esa mirada intrigante que desvestía mi alma.

Quiero sumirme en un trance, para escapar del estupor de la melancolía; me mata el vacío, la nada me traga y solo siento dolor.

Repulsión de mis actos

Quiero arrancarme cada parte de mi ser, extirpar el dolor que se aloja en el corazón, liberar mi alma del infierno de tu olvido y de tu indiferencia.

Me siento desfallecer... Mi cerebro está atascado en tu recuerdo...

La respiración se vuelve lenta y falta de cadencia, los ojos se cierran como dominados por algo externo y todas las imágenes comienzan a perder los bordes lentamente, mientras mi cerebro se detiene.

El corazón que palpitaba con tanta fuerza ahora solo es un susurro apagado por el ruido de los autos, las luces tenues de la calle se vuelven brillantes soles enceguecedores que queman mis retinas y obligan a mis ojos a cerrarse, a apretarse más y más, y el cuerpo que no sentía ni frío ni calor, ahora tiembla por calosfríos y toda mi piel se perla de sudor frío

Muero, lentamente en tu recuerdo; pero prefiero estar así que sé que nunca volveré y que de menos la distancia es tan grande e imposible de acortar, que seguir caminando en este mundo recordándote y sabiendo que estas a solo una llamada de distancia, solo unos pasos y podría sentir el calor de tu cuerpo nuevamente junto al mío, pero nuestros destinos son diferentes, nunca los compartimos, solo fuimos dos almas que se atravesaron al mismo tiempo un crucero de caminos en la vida.

2 comentarios:

Lizan dijo...

Hay personas de transición en nuestras vidas... mmm que ironía eso pueden pensar algunos, pero en realidad uno nunca sabe que tan profundo es el tatuaje que han dejado en nuestra piel hasta que nos damos cuenta que no es tan fácil borrarlo. Linda noche amigo de alma sensible y espirítu sabio.

leonardo dijo...

Waaw, que dolor transmites.
Que horrible sensación, llega tan de repente y se esfuma tan fugaz que en verdad no le encuentras un principio ni un final.

Quizá eso es lo complejo de la tristeza, el no saber cuándo has dejado de sentirla, o dónde has empezado a cargar con ella...